Cuando se agrupan estos datos por años, observamos un vector de
crecimiento sostenido y permanente, en que el consumo medio anual en la
Comunidad Autónoma Vasca se ha estabilizado de forma nítida
por encima de las tres horas diarias en los tres últimos años.
Por tanto, la presencia creciente de la televisión en la vida cotidiana
se ha de traducir necesariamente en una repercusión social mayor
de aquellos mensajes que utilizan este medio de comunicación en su
proceso de difusión social. Los mensajes políticos han de
adaptarse, por tanto, a las tendencias sociales consiguientes al constante
incremento del consumo televisivo por parte de la audiencia, que también
constituye el electorado.
Algunas opiniones como la de Alain Minc, autor de La nueva Edad Media, se
apoyan en este tipo de datos para afirmar que: "estamos entrando en
un sistema de democracia de opinión que va a sustituir a la democracia
representativa, donde los actores fuertes son los medios, la justicia y
la opinión pública"; y que "esto cambia totalmente
los modos de representación, y los papeles, derechos y obligaciones
de los distintos actores que la conforman". Sea como fuere, de momento
sí se puede decir que el decisivo papel de la televisión ha
alterado las formas tradicionales de entender la política, incluso
en una opinión pública como la vasca con una pluralidad de
identidades políticas muy fuertes ("El mundo" 10/IX/1994).
El publicista Marçal Moliné describe la comunicación
de forma activa y la define como "...un proceso en el que sus componentes
interaccionan de modo que cada uno de ellos influye sobre los demás.
Por tanto, el análisis de un sistema de comunicación comenzará
por un inventario de sus elementos constitutivos y de los vínculos
que ponen en contacto estos elementos". Dos son los ejes en los que
se agrupan los elementos constitutivos del sistema de la comunicación
política: los medios de comunicación y los partidos políticos.
Estos dos ejes se encuentran estrechamente interrelacionados, siendo muchos
y variados los vínculos que se establecen entre ellos en el marco
de una estructura política de la comunicación esencialmente
plural, como la vasca. Estas relaciones se han de mover dentro de la legalidad
vigente que, de forma decisiva, condiciona las prácticas comunicativas
de los diferentes partidos a la hora de difundir sus mensajes e ideologías,
de forma muy especial en periodos electorales (Moliné, 1988).
El campo de la comunicación política se ve afectado directamente
por tres tipos de leyes según la realidad que regulan: en primer
lugar, la doctrina jurídica que recoge los derechos fundamentales
descritos en la Constitución y el Estatuto de Gernika. En segundo
término, las leyes que afectan a los derechos fundamentales: por
ejemplo la LOT 31/1987 o la Ley 34/1983 General de Publicidad. Por último,
las leyes que afectan a los medios de comunicación. En este último
grupo se encuentran además de la Ley 4/1980 del Estatuto de RTVE
y la Ley de creación del ente Euskal Irrati Telebista-Radiotelevisión
Vasca (Parlamento Vasco 20-V-1982); la Ley 46/1983 reguladora del Tercer
Canal de TV; la Ley 10/1988 de la Televisión Privada; la Ley 37/1995
de Telecomunicaciones por Satélite; la Ley 41/1995 de Televisión
Local por Ondas Terrestres; la Ley 42/1995 de Telecomunicaciones por Cable;
la directiva comunitaria 89/552 Televisión sin Fronteras. A este
entramado hay que añadir otras disposiciones, modificaciones y reglamento
o el controvertido Decreto-Ley 1/1997 que regula la transmisión de
señales de televisión digital y televisión de pago
o la anunciada modificación liberalizadora de la Ley 41/1995 de Televisiones
Locales. Además del complicado marco jurídico en el que se
desarrolla habitualmente la comunicación televisiva hay que tener
en cuenta la legislación electoral que regula de forma específica
cada confrontación electoral y el acceso a los medios públicos
y privados de las distintas fuerzas políticas.
A partir del estudio del bosque jurídico, (en expresión de
Campo Vídal, 1996), que conforma el sistema televisivo del estado
español, diversos autores (Carreras, Pérez-Velasco, Amorós)
lo han definido como un "modelo centralista de televisión a
perpetuidad" (Amorós, 1994). El Gobierno central el único
sujeto con derecho a establecer concesiones; a decidir que sólo pueden
existir tres canales privados, todos ellos de ámbito estatal; que
el estado es el titular del servicio público televisivo, imponiendo
todas aquellas condiciones que se crean oportunas (acceso a satélites,
redes de transmisión por cable, uso de descodificadores, inscripciones
regístrales, fianzas, autorizaciones...). En fin, que la intervención
de las distintas fuerzas políticas, (y así ha quedado demostrado
en la polémica sobre las plataformas digitales) y su capacidad legislativa
resultan decisivas a la hora de conformar un determinado panorama audiovisual,
y de forma especial en todo aquello que concierne a la información
política diaria.
No obstante, son múltiples los factores que intervienen en este campo
y el papel de la audiencia como mercado también lo es. Se puede decir
que, a partir de los hábitos sociales en el consumo de los medios,
se establece un panorama audiovisual determinado, con diferentes características:
horarios de máxima audiencia, práctica del "zapping",
cobertura de las diferentes cadenas o cuotas de pantalla, van conformando
un mapa televisivo concreto.
A la espera de las nuevas ofertas de televisión digital, el panorama
televisivo en la Comunidad Autónoma Vasca aparece relativamente estable
en los cinco últimos años. Ninguna cadena ejerce un liderazgo
absoluto, TVE-1 que partía de una situación de monopolio se
desinfla poco a poco pero mantiene una cuota media de pantalla superior
al 25%; la "2" sostiene una audiencia estable a lo largo de los
noventa muy próxima al diez por ciento del mercado. Las emisoras
privadas generalistas Antena-3 y Tele-5 sostienen en la actualidad cuotas
próximas al 20%. Antena-3 con un ligero descenso en el último
año y Tele-5 con una presencia creciente desde la entrada como accionista
del grupo Correo. ETB-1 y ETB-2 sin práctica competencia en el ámbito
regional y local, y el monopolio de la información televisiva en
euskara, crece en los últimos años hasta presentar una oferta
competitiva frente a los grandes cadenas y controlar en la actualidad casi
una cuarta parte del mercado televisivo vasco.
Por debajo del 5% de "share" quedan los canales de pago, televisiones
locales y otras televisiones internacionales o vía satélite.
A este grupo, junto a la televisión por cable, se le augura desde
todos los ámbitos un crecimiento espectacular en los próximos
años. A partir de estos datos, recogidos en la figura 2, se puede
afirmar que tan solo una pequeña parte de la información política
que se consume en Euskadi es generada por las emisoras vascas de televisión:
aproximadamente un cuarta parte de la misma, en el mejor de los casos, sobre
el total de la información televisiva recibida.
Fig.2 Audiencias de televisión en Euskadi
1992 1993 1994 1995 1996
TVE-1 33,6 29,3 26,5 26,5 25,1
Antena-3 17,4 23,3 26,1 23,9 21,3
Tele-5 19,4 18,5 17,2 16,7 18,7
ETB-2 9,3 10,7 12,4 14,8 16,1
TVE-2 14,2 10,8 10,4 9,5 9,4
ETB-1 4,5 5,5 5,2 5,9 6,8
Canal Plus 1,6 1,6 1,9 2,3 1,9
Fuente: Sofres, A.M. Share 24 horas.
No obstante, este pequeño porcentaje de información está
total e indisimuladamente controlado por el gobierno vasco a través
del consejo de administración de EITB, o por el gobierno central
desde el centro territorial de TVE en el País Vasco. Únicamente
la regulación específica de la información electoral
en tiempo de campaña permite la aparición de determinadas
fuerzas políticas. Fuera de las jornadas específicas de campaña
electoral, algunos líderes y partidos pueden ser considerados como
extratelevisivos. Carlos Garaikoetxea se quejaba públicamente de
esta situación y relataba una anécdota suficientemente clara
al respecto. En un programa especial, realizado por ETB, sobre Ajuria-Enea
como sede de la lehendakaritza no era citada su persona en ninguna ocasión
en todo el espacio. (Garaikoetxea, 1993).
3. El sistema político-electoral
El sistema de partidos vasco ha sido calificado en reiteradas ocasiones,
siguiendo la terminología acuñada por Sartori, de pluralismo
polarizado. Es un sistema con siete partidos con representación parlamentaria
en la cámara vasca, con un partido central no mayoritario, con un
partido antisistema importante, con oposiciones excluyentes que no pueden
sumar sus fuerzas, con un mínimo consenso básico no compartido
por todos los partidos, en el que existen desacuerdos en torno a cuestiones
doctrinarias fundamentales y en el enfoque político general de la
comunidad; con partidos que en circunstancias de normalidad no están
destinados a gobernar, y que en campaña electoral se expresan, evidenciando
así todas las características del sistema de Sartori, como
una política de superoferta o de promesas excesivas en múltiples
discursos cruzados (Sartori, 1992).
En la evolución de este sistema político, y situándose
en el nivel autonómico, LLera ha señalado cuatro etapas fundamentales:
Entre 1977/1979, en la que sitúa una etapa de pluralismo y decantación
partidaria, de posicionamiento ante la reforma democrática y de consenso
estatutario, únicamente roto por HB, que sigue rechazando la reforma.
En los años ochenta, entre 1980/1984, primera legislatura autonómica,
que se caracteriza por la hegemonía del PNV, la reorientación
del voto de los partidos de ámbito estatal y la discusión
de la configuración interna de las instituciones de la Comunidad
Autónoma Vasca. Entre 1984 y 1986, individualizada por la ruptura
interna del PNV en un momento crítico de la transición del
sistema institucional vasco, caracterizado por la falta de delimitación
precisa en la composición, perfil electoral y distribución
ideológica del sistema de partidos. Entre 1986/1993 la estructura
de competencia partidista impuso la necesidad de la coalición para
gobernar las instituciones y la consecución del pacto de Ajuria-Enea
en un ambiente político de consenso. También comenzaron a
apuntarse tensiones interprovinciales que complican aún más
el panorama político (Llera, 1992).
Desde 1993 se inicia una nueva etapa en la política vasca. Las elecciones
legislativas marcan una altísima participación, 70%, con un
formidable ascenso de las fuerzas de ámbito estatal y una marcada
tendencia descendente en las nacionalistas. Es el primer síntoma
de la irrupción de las televisiones privadas en la política
vasca y de dos nuevos líderes televisivos, José Mª Aznar
y Julio Anguita, a los que la comunidad vasca responde en sintonía
con el electorado español en su conjunto. Los resultados electorales
de las elecciones generales de 1996 han confirmado esta tendencia. Los partidos
gobernantes en Euskadi conscientes del creciente peso de la televisión
en la generación de opinión, eluden una programación
televisiva que invite a la participación política de los ciudadanos.
En las últimas elecciones vascas, la campaña electoral fue
en las cadenas televisivas de ámbito estatal una noticia de segundo
orden frente a otras informaciones (detención de Javier de la Rosa,
elecciones alemanas, movilizaciones del 0,7%...) que han acaparado la agenda
diaria. Únicamente los resultados de los comicios centraron el interés
informativo de todas las cadenas, con enviados especiales, programas en
directo con los presentadores estrella, sondeos realizados en los colegios
encargados por los medios, especialistas invitados en los estudios y conexiones
múltiples con las sedes de los partidos y el centro de datos del
gobierno vasco. Es decir, las televisiones renunciaron de forma injustificable
a la programación de debates públicos; realizaron una cobertura
informativa de la campaña secundaria y carente de interés,
al contrario que la prensa, con un formidable despliegue de medios en una
jornada electoral de normalidad anodina.
4. Dinámica político-informativa diaria
El duelo político PSOE-PP de las últimas convocatorias electorales
unido a la realización por primera vez de debates políticos
entre los principales candidatos a la presidencia del gobierno a través
de la televisión explicaría la elevada participación
en las elecciones generales de 1993. De la misma forma que se puede afirmar
que la ausencia de debates públicos televisados restó interés
y participación en las últimas elecciones al parlamento vasco,
en las que la abstención sumó hasta el 39,32% del censo electoral.
La relación entre el sistema político-electoral pluralista
y polarizado y el sistema televisivo quedan recogidos en lo que se ha dado
en llamar "ley d´Hont de la televisión", que amplifica
de forma determinante los sesgos que la propia ley electoral aplica a la
representación parlamentaria de las diferentes fuerzas políticas
en casos como el vasco, con una representación igualitaria por territorios.
La amplificación televisiva de los sesgos consustanciales a la desigualdad
de las circunscripciones, y el consiguiente tratamiento informativo ajustado
a la representación proporcional obtenida en anteriores comicios,
sirven para explicar fenómenos políticos y televisivos como
el de UA, que en términos absolutos o porcentuales de voto resultarían
irrelevantes. (Galindo,1993).
Fig.3 C.A.V. porcentaje de voto por partidos.
Abst PNV EA HB PP UA PSOE IU
G-1989 33.1 22.59 11.8 16.72 9.29 - 20.94 1.9
A-1990 39.0 28.14 11.24 18.11 8.13 1.39 19.69 0.85
G-1993 29.7 23.87 9.81 14.59 14.57 1.38 24.26 4.40
A-1994 39.9 29.83 10.31 16.30 14.43 2.72 17.09 9.14
G-1996 29.5 25.30 8.32 12.42 18.51 - 23.79 9.32
A pesar de todo lo anteriormente expuesto, la dinámica política
diaria de la sociedad vasca cuenta con una serie de componentes socioestructurales
muy fuertes, que han sido exhaustivamente estudiados desde la ciencia política
y sociológica (Linz, Ruiz de Olabuenaga, Jáuregui, Pérez-Agote,
Llera, Gurrutxaga, Unceta...) y en los que no abundaremos, pero que conforman
una opinión pública particular.
Esta singularidad se expresa de forma clara en el sistema político-electoral
ya descrito y queda desdibujada en un sistema televisivo centralizador y
que previsiblemente ampliará su influencia a los grandes grupos internacionales
con la llegada de la televisión digital. Pero seguramente se advierte
más nítidamente en el consumo de prensa diaria. En él,
los diarios locales alcanzan el 88,88% de las ventas frente al 11,12% de
los diarios editados en Madrid (OJD, 1994). Otra de las características
de la prensa vasca, expresiva de una situación peculiar, es la concentración
de las ventas provinciales en torno a un solo título, del grupo editorial
Comecosa. Diarios que, según Cies, disputan audiencia a las televisiones
e incluso superan a las radios líderes en la Comunidad Autónoma
Vasca.
En este mercado se observa una competencia creciente en la que participa
un abanico de diarios que oscilan entre la prensa deportiva, los diarios
de información general, la prensa económica y aquellas publicaciones
vinculadas políticamente. Esta competencia se ha traducido en un
cambio en el tratamiento informativo que la prensa ha dedicado a las últimas
campañas electorales. Tradicionalmente, el centro de atención
de ellas lo han sido los mítines, las declaraciones, las actividades
de los partidos y los líderes. En las últimas campañas
en la prensa diaria, tanto el contenido como los sujetos de la campaña
han pasado a una segunda línea, cediendo la mayor parte de su espacio
a los análisis, las explicaciones de programas, los sentimientos
y preocupaciones de los ciudadanos, en resumen la exploración del
electorado ha pasado a centrar el interés informativo diario (Jáuregui,
1994).
A la vista de lo expuesto se observa la existencia de una opinión
pública de doble dimensión que se expresa de forma particular
en cada uno de los tres territorios de la CAV. La opinión pública
vasca bascula de forma paradójica entre el comportamiento político
y el consumo televisivo; entre el consumo de diarios locales de información
general, pero fundamentalmente aquellos ("El Correo", "Diario
Vasco", "El Mundo") que de forma mayoritaria aportan una
visión de conjunto para todo el Estado; entre la movilización
social, prácticamente monopolizada por la izquierda abertzale en
los últimos veinte años y únicamente cuestionada
por los movimientos pacifistas en los años noventa; y el consumo
de medios de comunicación, que ha caracterizado al electorado de
los partidos de ámbito español. Las nuevas plataformas digitales
no ofrecen sino un abanico mayor de opciones televisivas en las que se ha
de desarrollar la futura comunicación política y cuyas coordenadas
básicas han de afectar sin duda al comportamiento electoral de la
sociedad vasca.
5. Conclusiones
En los años noventa y con la configuración de un nuevo sistema
televisivo en el estado español, la dinámica política
vasca se ha transformado de forma sustancial ubicándose parcialmente
en el nuevo territorio televisivo. La intervención de las distintas
fuerzas políticas en la conformación de un determinado panorama
audiovisual unida a la dinámica de mercado en un sector cada vez
más competitivo, limitan el peso que otros factores, fundamentalmente
socioestructurales, han tenido tradicionalmente en la política vasca.
La dinámica política e informativa diaria que surge de la
intersección entre un sistema televisivo centralista y un sistema
político-electoral propio evidencian una situación paradójica.
La inminente puesta en marcha del sistema televisivo digital abre una interrogación
sobre las posibles alteraciones del mercado informativo y el consiguiente
impacto electoral que las mismas pueden propiciar sobre la sociedad vasca
en general y su comportamiento electoral en particular.
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