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1. INTRODUCCION
1.1. La concentración en la industria de medios de comunicación
El diccionario de la RAE define la voz capitalismo como “régimen
económico fundado en el predominio del capital como elemento de
producción y creador de riqueza”. La acumulación es
una de sus tendencias fundamentales. Como tal ha perfilado un mapa corporativo
determinado por la concentración, en unas pocas empresas, de las
operaciones de producción e intercambio de bienes y servicios de
los diferentes sectores, la expansión y la internacionalización
de las compañías de manera gradual y continua. La industria
de la comunicación no ha sido ajena a tal movimiento. Especialmente
significativo en las últimas décadas, en las que la tendencia
a la consolidación, corporativización, integración,
diversificación e internacionalización ha rebasado los campos
de la publicidad, la edición, la prensa, la radio, la televisión,
el cine y la industria discográfica y de telecomunicaciones.
La liberalización, privatización y concentración
han producido gigantescos cambios en el panorama comunicativo internacional.
Ben Bagdikian (1986) nos hablaba en su libro The Media Monopoly de 50
conglomerados transnacionales que dominaban el mercado, pero en las sucesivas
ediciones de su obra ha ido disminuyendo ese número. En el prólogo
a la quinta edición, de 1997, lo reduce a 10. Lo que supone, entre
otras cosas, que la búsqueda de la rentabilidad económica
se ha convertido en la meta primordial de las empresas de medios de comunicación.
Su apertura a las leyes del mercado y la comercialización de sus
contenidos ha introducido transformaciones difíciles de perfilar
(y a estas alturas incluso de aprehender) en el producto de los medios
de comunicación de masas. La pluralidad, la información
y la cultura son valores secundarios.
1.2. Las leyes de propiedad de medios de comunicación
Una de las formas de intervención más directa para evitar
la concentración y falta de pluralismo en los medios de comunicación
es evitar que todos los productos culturales procedan de las mismas voces.
Sin embargo, este método expeditivo se ha utilizado en el sentido
contrario. Las restricciones a la propiedad de medios de comunicación
se han ido suprimiendo. O se ha ido dando el visto bueno a los oligopolios
ya existentes. Ejemplos muy recientes y cercanos los tenemos en España
e Italia, aunque nos detendremos especialmente en el caso de Estados Unidos
para observar de cerca las raíces legislativas de ese oligopolio
radiofónico del que Clear Channel es un arquetipo paradigmático.
En el caso de España, la Ley de Televisión privada ha sufrido
diversas modificaciones, ampliándose en cada caso el porcentaje
de control de una misma empresa o grupo sobre la sociedad concesionaria
(del 25% en 1988 al 49% en 1998), para terminar eliminándolo en
2002. Cambios introducidos de forma sistemática con la Ley de Acompañamiento
de los Presupuestos Generales del Estado, lo que presupone lamentablemente
sin discusión ni debate previo. La última ley de 2003 permite
además que un operador de alcance nacional pueda operar en ámbitos
locales.
De manera similar, en Italia, la discusión está sobre la
mesa en la actualidad. El rechazo del presidente Ciampi a firmar la ley
sobre el sistema audiovisual conocida como Ley Gasparri (tomando el apellido
de su principal impulsor y ministro de la Comunicación Maurizio
Gasparri) ha sido el detonante. En esa ley se pretende respetar los umbrales
anticoncentración fijados por la ley anterior de 1997 salvaguardando
la integridad de Mediaset (controlada por el primer ministro italiano
Silvio Berlusconi), para evitar que ésta tenga que desprenderse
de uno de sus tres canales nacionales de televisión.
Mientras tanto, en Estados Unidos, aún se está discutiendo
una nueva reforma aprobada por la Comisión Federal de Comunicaciones,
aunque frenada de momento por un Tribunal de Apelaciones de Filadelfia
y rechazada el año pasado en el Congreso y el Senado (Beckerman,
2003). Sirva ésta reforma como corolario de las sucesivas leyes
que se fueron aprobando una vez iniciado el proceso desregulador en la
década de los 80, que aumentaron el número de emisoras de
radio o televisión que una misma persona o grupo podía poseer
(Segovia, 2001). En 1984 el número se elevó de 7 a 12 (12
emisoras de radio de AM y 12 de FM y 12 de televisión). En el caso
de la televisión se introdujo una limitación referente al
porcentaje de población sobre el que se emitía, fijándolo
en el 25%. De nuevo en 1992 se amplió el número de cadenas
que un grupo podía poseer, aunque sólo en el caso de la
radio (aumentó a 20). La Ley de Telecomunicaciones de 1996 elimina
cualquier tipo de restricción numérica sobre la radio y
la televisión (aunque permanece el porcentaje de control, que sube
al 35%). La nueva reforma en discusión pretendería acabar
con las pocas restricciones aún vigentes: la propiedad cruzada
de prensa y televisión, y el cupo de la televisión (incrementarlo
hasta el 45%).
2.
CASO DE ESTUDIO: EL GRUPO CLEAR CHANNEL COMMUNICATIONS
2.1. La radio antes y después de 1996
Ese proceso desregulador en Estados Unidos descrito en líneas anteriores
tuvo evidentes consecuencias en el sector de la radio. Como hemos mencionado,
desde la prohibición inicial de que un mismo grupo o persona controlara
más de 7 emisoras de radio de FM y 7 de AM se pasó a la
eliminación total de cualquier limitación numérica
o porcentual. La consecuencia más evidente ha sido la concentración
más descomunal jamás vista en tan poco tiempo.
A principios de los 80 el sector radiofónico local era de los menos
concentrados y más competitivos económicamente (seguía
manteniendo su cuota de un 7% de gastos de publicidad total desde los
años 70). De las más de 10.000 estaciones del país
un mismo grupo no podía poseer más de 14 (7 de AM y 7 de
FM). A pesar de todo, el porcentaje de cadenas pertenecientes a grupos
aumentaba con el paso de los años: de un 3’3% en 1929 a un
31’4% en 1967, siendo mayor la proporción cuanto más
importante era el mercado (Sterling, en Compaine: 1979). A mediados de
la década, y tras la medidas desreguladoras, el comercio de estaciones
de radio sufrió un incremento desmesurado: en 1985 el número
de emisoras que cambió de propietario ascendió a 1.558,
valoradas en un total de 1.400 millones de dólares. Entre esas
compras destaca la de ABC (network de radio y televisión) por parte
de Capital Cities. La primera empresa del ramo se fusionaba con la séptima.
Los 90 supusieron también un revulsivo para el sector: en 1995
Disney notificó su compra de Capital Cities/ABC, y Westinghouse
de la CBS.
Sin embargo, el verdadero cataclismo en esta área llegó
con la Telecommunications Act of 1996. De hecho, el sector que más
se ha transformado desde la aprobación de la ley ha sido el de
la radio (Drushel, 1998; Bates y Chambers, 1998; Gomery, 1996; Shapiro,
1997; Rathburn, 1997). Los cambios, aunque lógicos, han sido inesperados
por las proporciones que han adquirido. Más de un cuarto de las
10.000 estaciones de radio del país cambiaron de manos entre 1996
y 1997, y la tendencia no disminuyó en los años siguientes,
en los que se registraron más de 1.000 fusiones entre compañías
del sector. La concentración horizontal se ha multiplicado por
dos, y la vertical ha aumentado considerablemente, mientras la diversidad
brilla por su ausencia (formatos radiofónicos idénticos).
Como consecuencia de la eliminación de cualquier restricción
en la propiedad, una industria poco concentrada y con bajas tarifas publicitarias
se ha convertido en una industria oligopolística altamente concentrada.
La FCC calculó que el número de propietarios de emisoras
radiofónicas había disminuido un 12% en dos años.
Otro de los síntomas de concentración lo dan los ingresos
por publicidad. En 1997, las cuatro compañías más
importantes del sector se llevaron el 90% de los ingresos por publicidad.
Las otras emisoras han visto cómo su cuota de oyentes se reducía
a la mitad. Incluso aumentan las quejas por parte de las agencias de publicidad
que dicen que los grupos se comportan de forma anticompetitiva, subiendo
las tarifas considerablemente en los mercados en los que dominan u obligándoles
a comprar la publicidad por bloques. Aufderheide (en Barnouw et al., 1997:
160) menciona que fueron los propios anunciantes los que presionaron al
Departamento de Justicia para que una misma empresa no pudiera hacerse
con más del 40-50% del mercado radiofónico local.
Entre esos movimientos tras la aprobación de la ley de 1996 cabe
destacar la compra por parte de Westinghouse de un porcentaje de control
en Infinity Broadcasting Corp., asegurando por unos años más
su primer lugar en el ránking: creó un coloso con unas 160
estaciones de radio, dominio en los diez primeros mercados y el 8% del
mercado publicitario radiofónico. De hecho en esos momentos la
prioridad del grupo era este sector, cuyos beneficios utilizaron para
sanear su red de televisión (y que sigue siendo su sector más
rentable). Detrás, y teniendo en cuenta la oleada de compras que
en tan sólo un año cambió el panorama del sector,
se situaban varias compañías cercanas unas de otras: Clear
Channel Communications, con más de 100 cadenas; Chancellor Media
con 101 estaciones (pero menor capacidad de audiencia); y American Radio
Systems, con 96 estaciones ?que será adquirida en 1997 por 2.600
millones de dólares por Westinghouse/CBS?. Otro de los grandes
grupos, Jacor Communications, centró su atención en la obtención
de programación, no de emisoras, adquiriendo Premiere Network,
EFM Media (show de Rush Limbaugh), Multiverse Networks y por último
NSN, una red de distribución de audio y datos. Para 1998 el sector
se había revolucionado de nuevo: la fagocitación de compañías
fue la norma en esos 32 meses.
No obstante, todo el panorama cambia en octubre de 1999, cuando Clear
Channel Communications anuncia la compra de AMFM Inc. (antes Chancellor
Broadcasting Media) por 23.500 millones de dólares. Entre ambas
sumaban más de 900 emisoras ?dada la oleada de adquisiciones reseñada?,
con lo que escalaban al primer lugar, en el que se mantienen desde entonces
con más de 1.000 estaciones. De esta manera los 13.600 millones
de dólares que suele generar anualmente el sector no se reparten
ni mucho menos de forma equitativa. De ella hablaremos detenidamente en
el siguiente apartado.
2.2. Proceso de formación de Clear Channel
Gran parte de los nuevos propietarios que dominan el sector radiofónico
en EE.UU. tienen una historia relativamente corta . Clear Channel Communications
se creó en 1974. Infinity Broadcasting a principios de los 80.
Chancellor Broadcasting en 1993. Para estudiar el desarrollo de esta empresa,
prácticamente desconocida hace una década, hay que observar
los pasos dados por cuatro compañías que poco a poco fueron
ascendiendo en el ránking de empresas importantes del sector: Clear
Channel, Chancellor Broadcasting, Evergreen Media y Jacor Communications.
Clear Channel Communications se ha convertido en la empresa más
importante del sector de la radio desde todas las perspectivas: ingresos,
número de emisoras y número de oyentes. En realidad no adquiere
relevancia hasta después de la ola de compras y fusiones permitidas
en el sector en la década de los 90. Aparece con fuerza en 1995,
cuando contaba con el mayor número de emisoras de radio, 102, en
segundo lugar tras CBS/Infinity en número de oyentes. Al año
siguiente compra US Radio, y en 1997 Paxson Radio. En 1999 finaliza su
fusión con Jacor Communications, que cuenta en ese momento con
241 estaciones de radio, una de televisión y la tercera red de
programación radiofónica del mercado estadounidense. En
1995 contaba con 51. Retrocedamos hasta 1996 para rastrear sus operaciones.
Jacor Communications, sexto grupo en importancia en 1995 (según
el ránking elaborado en Broadcasting & Cable en su número
del 1 de julio de 1996) , adquiere durante el periodo de 1996-1997 Regents
Communications, Noble Broadcast Group y Nationwide Communications (puesto
18 en el ránking de 1995). En 1998 amplía la red de programación
de su subsidiaria Premiere Radio Networks con la compra de Hot Mix Radio
Networks, Inc. y de Talk Radio Network, convirtiéndose en la tercera
proveedora de programas de radio sindicados. Poco después completa
la adquisición de Nationwide Communications por 620 millones de
dólares, lo que hace que su número de emisoras ascienda
a 204, distribuidas por 57 mercados. Para dar por terminada la fusión
fueron necesarias multitud de transacciones con otros grupos, en este
caso fundamentalmente con la CBS, para que sus posesiones no contravinieran
ninguna norma, además de la concesión de exenciones permanentes.
Algo habitual en estas gigantescas operaciones. Por último, en
1999 los directores ejecutivos de Jacor, Randy Michaels, y de Clear Channel
Communications, Lawry Mays, finalizaron las negociaciones y transacciones
necesarias para su fusión, hecha pública en octubre de 1998.
En lo que respecta a Chancellor Broadcasting, quinta en el ránking
de 1995, es una empresa increíblemente joven. Con sede en Texas,
al igual que Clear Channel Communications, se crea en 1993 a partir de
dos estaciones de AM y FM de Sacramento (California). En los primeros
cuatro años de existencia sus fundadores, Thomas Hicks y Steven
Dinetz, adquieren otras 51 emisoras en los principales mercados (en 1996
compran Colfax Communications y OmniAmerica). Sin duda alguna su operación
decisiva es su fusión en 1997 con Evergreen Media (tercera en 1995),
también una compañía creada a partir de 6 estaciones
de radio. Ese mismo año Chancellor compra Katz Media Group (relaciones
públicas), Viacom Radio (puesto 11 en 1995), Bonneville International
Corp. (13) y Gannett Radio (15), multimedias que se deshacen de sus divisiones
menos rentables. La nueva compañía cambia su denominación
a Chancellor Media. Al año siguiente se embarca en el sector de
la televisión con la adquisición de LIN Television Corp.
Aunque su negocio principal y su meta fundamental sigue siendo la radio,
y lo demuestra al comprar en 1999 por 4.100 millones de dólares
Capstar Broadcasting . Una vez completada la adquisición, en 1999,
la compañía se denomina AMFM, Inc., y cuenta con 405 emisoras
de radio distribuidas por 105 de los principales mercados.
Tras meses de reuniones, el 5 de octubre de 1999 Clear Channel Communications
llegó a un acuerdo con AMFM, Inc. por 23.500 millones de dólares
en acciones de la compañía, incluyendo la aceptación
de una deuda de AMFM Inc. de 6.100 millones (ver Figura 1). Esta compañía
y sus dueños (Hicks, Muse, Tate & Furst) buscaban un socio
estratégico desde la primavera para solucionar sus problemas de
solvencia económica. Tras las ventas e intercambios necesarios
para no contravenir las pocas restricciones aún vigentes sobre
la radiodifusión, ambos grupos suman casi 900 emisoras, un coloso
radiofónico difícil de imaginar cinco años atrás.
Una vez completado el negocio de intercambio de acciones en agosto de
2000, Hicks Muse seguirá siendo el accionista más importante
de la empresa, aunque su porcentaje baja del 27% al 10%; en segundo lugar
se encuentra la familia fundadora de Clear Channel, los Mays, con un 5%.
La presidencia y dirección ejecutiva sigue hoy en manos de Lowry
Mays, ocupando sus dos hijos (Mark y Randall Mays) los puestos que le
siguen en el escalafón corporativo.
En la actualidad la presencia radiofónica de Clear Channel se extiende
a todo Estados Unidos y presume de llegar a más de 110 millones
de oyentes semanalmente (180 si contamos con su red de programación
Premiere Radio Networks) con sus 1.184 estaciones en propiedad (372 AM
y 812 FM). Está presente en 47 de los 50 mercados más importantes,
o 90 de los 100. Esta división supone casi la mitad de sus ingresos
anuales (3.700 de los cerca de 9.000 millones de dólares en 2003).
Además tiene intereses en 240 emisoras de radio extranjeras, lo
que significa que llega a países tan variados como México
(alianza con el Grupo Acir, intervenido por Televisa), Australia, Nueva
Zelanda, Reino Unido, Noruega, la República Checa, Suiza y Holanda.
En lo que se refiere a la televisión, tiene 34 estaciones (entre
ellas 8 afiliadas a NBC, 7 a Fox, 7 a UPN y 7 a ABC).
En segundo lugar, su importancia como empresa de publicidad es considerable
(22% de sus ingresos), no sólo por sus agencias de márketing
(especialmente importante Katz Media), sino también por sus paneles
publicitarios distribuidos por todo Estados Unidos. Su compañía
estrella en este campo es Eller Outdoor Advertising (150.000 paneles por
todo EE.UU). Internacionalmente, dispone de unos 550.000 paneles, mobiliario
urbano y paneles móviles distribuidos por 65 países a lo
largo de Europa, Asia y el Pacífico.
En tercer lugar, en el año 2000 adquirió SFX Entertainment,
con lo que se convirtió en un jugador de primera fila en la organización
de espectáculos en vivo, incluyendo conciertos (giras de Madonna,
U2), enfrentamientos deportivos (SFX Sports Group, Motor Sports Group)
y obras de teatro (“The Lion King”, “Hairspray”,
“Scooby Doo”), que pueden por lo demás representarse
en centros de exhibición de su propiedad (posee 76 teatros, anfiteatros,
etc. en Estados Unidos y 26 en el resto del mundo). La división
Clear Channel Entertainment generó un 29% de sus ingresos en 2002,
y más de 2.500 millones de dólares en 2003.
En definitiva, Clear Channel está presente no sólo en EE.UU.,
sino en casi todo el mundo a través de Clear Channel International
(sede en Londres). Desde Argentina a Canadá pasando por Marruecos,
Australia, China, Pakistán, India, Grecia, Alemania, Italia, España,
Rusia, Ucrania o Turquía (por mencionar alguno de los más
de 65 países).
3.
CONCLUSIONES
La radio, por mucho tiempo uno de los sectores más competitivos
y de más fácil entrada en Estados Unidos, se ha consolidado
en manos de unos pocos. Por supuesto que esta consolidación atrae
más dinero de la publicidad, y los beneficios aumentan de forma
vertiginosa. Pero el público no sale ganando, ya que se pierde
diversidad; y por supuesto tampoco los profesionales del sector: tras
la fiebre de compras y fusiones llegan los reajustes y los despidos (el
sobrenombre de Clear Channel es Cheap Cannel, por su obsesión por
el abaratamiento de costes). De las 12.000 emisoras del país sólo
15 radian noticias de forma continua. Incluso se puede comprar tiempo
para aparecer en la emisión mezclando contenido editorial con publicidad:
en las tres estaciones dedicadas a información económica
en Washington se puede de hecho comprar dos minutos y medio por 250 dólares
(una hora por 1.500) y aparecer en una entrevista en la que “expertos”
y “consejeros” comentan las mejores inversiones del momento
(Grossman, 1998).
La evolución del sector radiofónico se ha perfilado incluso
como una de las causas de las encendidas diatribas recientes en torno
a la reforma de la Ley de Telecomunicaciones de 1996. Para ejemplificar
las consecuencias y peligros de la consolidación de los medios
de comunicación se recoge la actuación de Clear Channel
Communications Inc. Su estrategia empresarial se expone como reflejo de
los males de la concentración de la propiedad y el dominio del
mercado. Su control del negocio radiofónico y los conciertos hacen
que sea calificada incluso por algunos como “la fuerza más
poderosa dentro de la industria de la música”, y que se enfrente
a una demanda por prácticas monopolísticas y anticompetitivas
(Boehlert, 2001).
Otro de los motivos que se argumentan como revulsivo al movimiento social
generado en contra de la reformas de las leyes de propiedad de medios
de comunicación en el país es la cobertura monolítica
de la pasada guerra en Iraq.
La prensa, las cadenas de radio y televisión, etc. no buscan ya
diferenciarse a través de la innovación sino confundirse
gracias a la repetición de formatos y fórmulas de demostrado
éxito (que no prestigio). Interesa más el tamaño
y demografía de la audiencia que los asuntos públicos. Y
cantidad no es en absoluto sinónimo de objetividad y pluralismo.
El mismo concepto de servicio público está en peligro. El
primer objetivo de cualquier política comunicativa ha de ser maximizar
la diversidad de contenidos asegurando que la programación disponible
exprese la mayor variedad de perspectivas, opiniones y formas de expresión.
Pero, tal y como señala Garnham (citado por Wasco, 1984: 216) «diversidad
no es multiplicidad. Es posible aumentar considerablemente el número
de canales y de productos en circulación sin acrecentar significativamente
la diversidad. Más no significa necesariamente diferente. También
puede significar más de lo mismo o lo mismo distribuido de maneras
diferentes».
Para que se dé una verdadera elección es necesario que existan
distintas opciones entre las que poder decidir. Manifestar que la competitividad
presupone un libre mercado de ideas es una aserción dogmática.
Ésa es la lógica económica, no la política.
Siguiendo a Smith (1991: 7), «El hecho de que usáramos alegremente
pulverizadores perjudiciales para la capa de ozono no quiere decir que
estuviéramos decidiendo libremente que queríamos una atmósfera
contaminada. Los productos disponibles no nos permitían articular
una elección más beneficiosa para la comunidad». En
realidad, es necesaria la regulación para obtener competitividad.
La intervención del gobierno es prioritaria en la aprobación
de leyes que reduzcan el número de medios que pueden ser propiedad
de una misma persona o grupo.
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