Sexo y globalización
(artículo publicado en El País Semanal, 9 de Marzo de 2003)

Qué valores vamos a tener en el nuevo mundo internacional y multicultural? Sin ninguna duda, los valores de Occidente están desempeñando un papel muy importante en la construcción de los ideales mundiales. Aunque se habla mucho de "respetar que las culturas de otras sociedades son diferentes" y "tienen el mismo derecho que nosotros a sus opiniones", la verdad es que las ideas occidentales tienen un atractivo innegable para mucha gente.

La omnipresencia de los medios de comunicación modernos, predominantemente occidentales -incluida su presencia en Internet y en la publicidad dirigida a un mercado globalizado-, que parece ir de la mano de "la nueva democracia mundial", hace que muchos jóvenes de todo el mundo sientan el deseo de acomodarse a esos productos y esas modas, incluso al mismo tiempo que protestan contra la política occidental de guerra e imperialismo económico. Los símbolos de Occidente que aparecen en la publicidad y la pornografía por Internet son muy visibles y resultan muy seductores.

En este contexto, la pornografía parece llenar un hueco; tanto en el cine como en la publicidad, de forma subliminal o directa mente en Internet, los valores sexuales pornográficos (antihombre y antimujer) pretenden ser nuevos y parte del Occidente moderno. La pornografía es el principal vehículo para difundir los valores y definiciones de la vida privada y el sexo creados en Occidente. Irónicamente, justo cuando los valores sexuales en Occidente están cambiando, esos valores sexuales del pasado se están convirtiendo en "lo más moderno" en otras culturas y les arrebatan el derecho a crear sus propias formas físicas de expresión. La mayoría de las culturas tienen mucha más diversidad de expresión que la nuestra. Un indicio de que nuestra concepción es estrecha, rígida y limitada es que el término "sexo" no tiene equivalente en otro tipo de lenguas, por lo que su uso, junto al de "follar" (en sus formas inglesas, sex y fucking), se ha extendido a todo el mundo, sobre todo entre los jóvenes y modernos.

Sin embargo, los valores de los derechos humanos y la justicia también están reforzándose en todo el mundo, muchas veces entre esos mismos grupos. ¿Cómo se puede explicar esta combinación tan irónica? Igual que ocurre en Occidente, para la mayoría de la gente, hay una gran distancia entre la idea de sexo y los ideales de derechos humanos y paz mundial. Consideran que una cosa no está relacionada con la otra. ("Sí, claro, está el problema de los derechos de la mujer, pero ésa es una idea extremista que no hay por qué abordar precisamente cuando nos enfrentamos a cuestiones fundamentales sobre la guerra y la paz", se dice a menudo). Los defensores de los derechos humanos no suelen hablar sobre los detalles relacionados con el sexo. Incluso se dice que la pornografía que muestra a las mujeres como dominadoras es moderna y atribuye igualdad de derechos a las mujeres.

La verdad es que los valores de los derechos humanos y la paz mundial están mucho más cerca de lo que se imagina de los aspectos relacionados con el sexo (un sexo que tenemos que re-definir, no el que presenta a las mujeres como sumisas o dominadoras).

En mi opinión, es posible concebir las relaciones sexuales físicas (sexo) de una forma totalmente nueva, que incluya el erotismo y la dignidad para todos, la igualdad en el acto sexual. La transformación de unas versiones del sexo que han sido muy perjudiciales será una base fundamental para una nueva psicología más pacífica.

Las ideas actuales, esas que se consideran modernas, violan por igual los derechos de los hombres y las mujeres; la psique masculina se construye y reconstruye sin cesar debido a la propaganda sobre la sexualidad masculina, las bromas sobre la virilidad y los tópicos sobre cómo son los hombres "por naturaleza".

Lo que propongo, después de haber investigado a miles y miles de hombres y mujeres, es un nuevo sistema de valores y una nueva forma de definir la esencia del sexo y las relaciones íntimas que pueda servir como una sólida base en la vida diaria para un nuevo sistema de valores éticos que está surgiendo en todo el mundo.

El sexo y los derechos humanos están relacionados. La globalización de valores como los derechos humanos hace que todos los valores sexuales que se difunden en relación con el sexo (a través de la pornografía o los medios de comunicación y la cultura pop) sean los valores del nuevo sistema internacional, sean buenos o malos, nos gusten o no.

Por consiguiente, debemos reevaluar el sexo, no sólo porque nos interesa a nosotros, sino para construir una relación positiva y duradera con otras culturas que obtienen su visión de Occidente no sólo de la presencia empresarial y los mecanismos de mercado de los que tanto se habla, sino también de la pornografía y las versiones del sexo (y sus valores asociados) que ofrecen los medios de masas.