El sexo es verdaderamente
político, o eso no es más que un eslogan? ¿Acaso el sexo
libre no es un símbolo del movimiento pacifista, no representa todo lo
contrario de la globalización? ¿La guerra es una consecuencia
inevitable de la naturaleza humana?
En mi opinión, estos clichés están anticuados. Aunque el
movimiento de "haz el amor y no la guerra" era válido en su
día, y su significado era indudablemente puro, luego quedó latente
que, para las mujeres, el eslogan tenía un sentido diferente; una de
las consecuencias para ellas fue que se contaba con que tomaran la píldora
anticonceptiva y "estuvieran listas" para mantener relaciones sexuales.
Sin embargo, poco después de los anos sesenta (que fue la época
del movimiento y los intentos de detener la guerra de Vietnam), las mujeres
empezaron a apartarse de la ideología ¿el sexo libre y el "haz
el amor y no la guerra", porque sentían que estaba perjudicándolas;
como decía una mujer, "antes, era propiedad de un hombre (en el
matrimonio tradicional), pero ahora se espera de mí que esté a
disposición de todos. He perdido el derecho a decir 'no' al sexo".
Por otro lado, en su sentido más intrínseco, la sexualidad está
relacionada con la paz mundial; no por una idea simplista de que el sexo es
positivo y "crea vida" (a veces, sí, pero ¿qué
ocurre con el "sexo recreativo"?), sino por Nadie debe pensar que
decir que el sexo está relacionado con la paz mundial significa que "si
la gente practica más y mejor sexo, estará más satisfecha
y, por tanto, menos interesada por la guerra". Aunque puede que sea cierto,
y aunque el lema "sexo, paz y amor" sigue siendo acertado en muchos
aspectos, me gustaría proponer una nueva idea: que, mediante los movimientos
físicos del acto sexual las personas aprenden cosas sobre el comportamiento
de hombres y mujeres y sobre la psicología correcta que inspira (no verbalmente)
sus sistemas de creencias, en concreto al inculcarles modelos de jerarquía,
dominio y control (o aceptación y sumisión), ideas de que "a
tal persona le corresponde estar encima". Que, si transformamos nuestra
idea de sexo, podemos transformarnos a nosotros mismos y ser más pacíficos
(no más tranquilos, sino menos ávidos de dominar a los demás).
Al analizar o criticar las relaciones sexuales, podemos empezar a crearnos de
otra manera (separados de esa ideología de las categorías) e inventar
un futuro más positivo.
En mi presentación de un nuevo análisis de la sexualidad, he escrito
sobre la pubertad de los varones (Edipo se hace hombre). La construcción
de la identidad sexual de los chicos en la pubertad, e incluso desde antes,
se extiende hasta la identidad de los hombres como adultos: si a los chicos
se les educa para que piensen que ser un hombre significa ser poderoso sexual
y económicamente, que un verdadero hombre debe ser frío y duro
(aunque sensible), es lógico que, después, el hombre llegue a
la conclusión de que a cualquiera que no muestre el debido respeto hay
que enseñarle una lección, que la actitud apropiada para el hombre
adulto es la agresividad, y no el diálogo. La convicción actual
de que el apetito sexual es un mecanismo hormonal inevitable en el hombre es
la base de este sistema, porque afirma que los hombres son agresivos por naturaleza
y necesitan ser dominantes debido a las hormonas masculinas, que la dominación
es inherente a la psicología del varón (parte de su biología).
Sin embargo, mi tesis es que nada de todo eso es inevitable, que los hombres
pueden disfrutar del diálogo tanto como las mujeres; me parece que las
órdenes de la sociedad a los chicos (la programación de su cerebro)
están provocando una sociedad, una conducta y una mentalidad desmesuradamente
militaristas. Por consiguiente, intentar analizar y desconstruir la sexualidad
masculina sirve para dos cosas: crear más placer y más espacio
para cada hombre y contribuir a que la sociedad elabore una estrategia mundial
más pacífica. (En la actualidad, la diplomacia internacional refleja
esa psicología masculina). Las definiciones de la sexualidad femenina
y la sexualidad masculina son fundamentales para la estructura social de nuestra
cultura. Dichas definiciones no están grabadas en piedra, aunque a veces
nos comportamos como si lo estuvieran. La redefinición sexual va asociada
a un nuevo sistema internacional de valores que está intentando desarrollarse:
un consenso internacional sobre los derechos humanos y otras pautas de ética
y moral. Esta forma de globalización y el debate sobre los valores que
la acompaña son tan reales como la globalización del panorama
económico mundial. La revisión de los modelos morales y sexuales
en vigor forma parte del intento de aclarar una concepción revisada,
y aún confusa, de quiénes somos como especie en el planeta, qué
hacemos o deberíamos hacer con nuestras vidas. Y la pregunta crucial
de este nuevo sistema de valores sigue estando relacionada con la guerra y la
paz: ¿Por qué hay tantas guerras? ¿Podríamos ser
menos belicosos?.