Karlos Santamaria eta haren idazlanak

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La esencia del federalismo

 

El Diario Vasco, 1982-08-29

 

      El esforzado y noble demócrata que es Joaquín Satrústegui, publicó últimamente —«El País» 30-7, «DV» 13-8— un artículo titulado: «Las competencias de nuestro Estado no son menores que las de un Estado federal». Satrústegui formó parte de la «Comisión de los diez», integrada por las fuerzas políticas salidas de la clandestinidad del período anterior y que negociaron con el Gobierno Suárez ciertas condiciones de legitimidad de la nueva democracia española. Puede pues hablar con pleno conocimiento de causa de algunos aspectos importantes del nacimiento del Estado de las autonomías.

      Â«Al término de nuestra guerra civil —escribe— los nacionalistas catalanes y vascos reclamaron constantemente, tanto desde el exilio como clandestinamente desde el interior de España, el restablecimiento de los estatutos abolidos [...]». Pero, dadas las dificultades existentes que se oponían a la restauración «de unos textos íntimamente ligados a una Constitución republicana no vigente», se convino finalmente en construir «un Estado a medio camino entre el Estado unitario y el federal». «Nunca pretendimos —añade Satrústegui— que alguna de nuestras nacionalidades o regiones tuviera mayor autonomía que el Estado de Nueva York o el «Land» de Baviera».

      Indudablemente muchos ciudadanos periféricos y otros muchos no periféricos hubiésemos preferido un Estado federal. Pero tenemos que reconocer, que tal posibilidad no estaba clara en aquel momento y que la solución «a medio camino» fue posiblemente, la más adecuada para la ulterior formación de un moderno espíritu federalista en España.

      Ahora bien, me interesa aportar un matiz al valioso artículo al que me estoy refiriendo, y es la siguiente: en mi opinión el carácter federal de un Estado no depende tanto de las mayores o menores competencias que se reconozcan a las comunidades autónomas como de la naturaleza del nexo jurídico que una a éstas con el Estado.

      En efecto, para las doctrinas federalistas lo que verdaderamente caracteriza a una federación es el pacto. Donde no hay pacto, es decir, donde existe simplemente una legislación descentralizadora concedida soberanamente por el Estado no existe Estado federal. La misma palabra «federación» viene de «faedus» que significa pacto, alianza, y así lo hace notar Pi i Margall en su libro «Las nacionalidades».

      En teoría un Estado regionalizado podría conceder incluso mayores competencias a sus comunidades que un Estado federal, pero no por eso se convertiría en Estado federal. La diferencia no está en la cantidad de autonomía —aunque la misma tenga, sin duda, su importancia— sino en la naturaleza de esa autonomía.

      Pi i Margall llamaba «débiles federales» a los descentralizadores sin pacto y alababa la postura vasca —que él conoció directamente, pues vivió un año en Vergara, de donde era natural su esposa— diciendo que: «Las provincias vascongadas raciocinan algo mejor que esos débiles federales. Comprenden que si confiesan deber sus fueros al Estado, conceden al Estado el derecho de quitárselos, y sostienen siempre que se los deben a sí mismas».

      Para distinguir el Estado regionalizado del Estado federal la fórmula de Pi i Margall es verdaderamente lapidaria: «Fuera del pacto, se puede ser descentralizador, no federal».

      Yo me temo que muchos socialistas actuales que se estiman federalistas lo sean a la manera de aquellos «débiles federales» de que hablaba el político catalán. Existen también algunos —según creo— como Anselmo Carretero Jiménez, que han consagrado una buena parte de su vida a la defensa y a la profundización de la idea federalista de España como «nación de naciones».

      La actual Constitución no admite el pacto. El presente Estado español no es pues un Estado federal sino un Estado a medio camino —como claramente lo dice Joaquín Satrústegui— entre el Estado unitario y el Estado federal. Esta Constitución tiene por lo menos la ventaja de haber abierto, por primera vez en la historia de la monarquía española, un camino válido a las ideas autonómicas. Pienso que de ahí puede surgir una auténtica mentalidad federalista.

 

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