Karlos Santamaria eta haren idazlanak

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Pastoral Litúrgica

 

El Diario Vasco, 1958-08-31

 

La piedad del pueblo cristiano no será interiormente revivificada mientras la liturgia no recupere el puesto que le corresponde. ROMANO GUARDINI.

 

      La esposa de un importante hombre político occidental a la cual tuve el honor de conocer recientemente, me contó que había sido invitada por el Gobierno ruso a hacer una visita a la U.R.S.S. El viaje lo llevó a cabo en compañía de otras damas, de elevado nivel intelectual, y resultó muy interesante. Como resultado del mismo, y en justa correspondencia, se cursó luego una recíproca invitación a las mujeres de varios funcionarios soviéticos para que, a su vez, visitasen el Occidente europeo. Una de las cosas que a estas señoras les llamaron más la atención en la Exposición de Bruselas fue el pabellón de la Santa Sede. El principal motivo de tal sorpresa fue la comprobación de que el sentimiento religioso es capaz de inspirar obras de arte moderno e incluso de arte «vanguardista». Sabias ellas, claro está, que en el pasado la religión ha dado origen a grandes creaciones artísticas —algunas de las cuales pueden ser admiradas en la propia Rusia—, pero no habían sospechado que en pleno siglo XX esta fuerza creadora subsistiese con vigor propio.

      De hecho, el sentimiento religioso sigue estando vivo y en ciertas zonas humanas se halla más vivo que nunca y lleno al mismo tiempo de modernidad y de impulso creador. Si el mundo religioso de nuestro tiempo no fuese capaz de utilizar moldes y conceptos estéticos modernos para expresar la actitud religiosa, si para lograr este fin tuviera que valerse de formas artísticamente periclitadas, habría que llegar a conclusiones bastante sombrías acerca del mismo.

      Pero no es así, y prueba de ello es el renacimiento litúrgico que en las últimas décadas se ha desarrollado en muchos países europeos y que ahora —con notorio retraso— llega también a nuestro país.

      La síntesis del arte cristiano es la liturgia. Al esplendor de ésta contribuyen todas las artes: la pintura, la escultura, la música, la arquitectura e incluso la coreografía. Nada más admirable en este último dominio que los movimientos litúrgicos de una comunidad cristiana en la oración colectiva y la expresividad y la sublime simplicidad de sus gestos, espectáculo del que rarísimamente nos es dado gozar en nuestras iglesias.

      Pero la liturgia no debe ser mirada con ojos de esteta. Quienes no ven en ella sino los aspectos estrictamente artísticos, desconocen su más profunda dimensión. La liturgia es una enseñanza viva de enorme contenido teológico destinada a animar interiormente toda la vida del hombre religioso, muy por encima de cualquier fría e intelectual apologética. Por eso se puede y se debe hablar de una pastoral litúrgica, adaptada a la mentalidad y al gusto del hombre de hoy.

      El hecho de que vaya a celebrarse dentro de unos días en nuestra ciudad la Primera Asamblea Diocesana de Pastoral Litúrgica es un motivo de alegría para todos los que reconocemos la primordial importancia de este capítulo de la vida religiosa.

      Las sesiones tendrán lugar en el Seminario. Es de esperar que de ahí trascienda sus resultados a las parroquias y que todo ello contribuya a una revalorización práctica de la liturgia que hace tiempo se echa de menos entre nosotros.

 

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