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Sobre las armas biológicas: palabras introductorias

A finales del año 2001, el Profesor Iñaki Goirizelaia me invitó a escribir un artículo de opinión para la revista Hermes. Dicho artículo debía tratar sobre las denominadas armas biológicas, un tema que, aunque me parecía apasionante, me planteaba ciertos dilemas éticos. Acordamos que el artículo reflejara esos dilemas y que no fuera una enumeración de los principales agentes infecciosos utilizados por determinados países para causar enfermedad y muerte en aquellos otros considerados como enemigos. El artículo se tituló “Armas biológicas: microbiología y ética” y apareció publicado en febrero de 2002. En esta entrada y en las próximas publicaré parte de dicho trabajo. Algunas partes serán el reflejo de lo publicado, otras serán convenientemente actualizadas tanto desde el punto de vista histórico como desde los cambios que el tiempo, el implacable, ha realizado en algunos de mis puntos de vista.

El segundo semestre del año 2001 estuvo repleto de situaciones alarmantes. A las habituales situaciones bélicas, conflictos políticos o acciones terroristas en diferentes lugares del planeta se sumaron dos acontecimientos que tuvieron gran impacto en la opinión pública: el atentado en Nueva York en septiembre contra las Torres Gemelas, y los envíos poco después de cartas que contenían polvo con esporas bacterianas que causaban cierta enfermedad e, incluso, la muerte al receptor. Nuestra sociedad global estaba conmocionada, aterrorizada porque la gran mayoría de los medios de comunicación, tan conscientes de lo que ocurre cotidianamente en Estados Unidos, nos impactaban diariamente con alguna información nueva sobre estos luctuosos hechos.
Sin embargo, la memoria colectiva es lábil y pocos meses después casi no nos acordamos de estos acontecimientos o los tenemos presentes de forma difusa como una amarga pesadilla a sumar a otras locales o generales que se han ido sucediendo durante nuestras vidas. En ese rincón de nuestra mente se van acumulando muchas otras experiencias desagradables, como la epidemia de las “vacas locas”, la fiebre aftosa, la hambruna de gran parte del planeta, las continuas guerras o los serios problemas de violencia que nos sacuden con pertinaz reincidencia.
La Humanidad, como especie que debe y quiere sobrevivir, ha desarrollado el olvido como una eficaz herramienta para poder ir afrontando los múltiples retos vitales que se le presentan: no se puede vivir con la angustia como continua compañera de viaje. Nuestra especie ha desarrollado también otra defensa importante: la diversidad genética. Esta diversidad genética hace que no seamos todos iguales de susceptibles a las agresiones de los agentes infecciosos, con el objetivo de que siempre queden personas que se recuperen de las diferentes enfermedades infecciosas, aunque la mortalidad sea elevada.
Cuando fui invitado a escribir sobre armas biológicas, me di cuenta de lo difícil que es procurar informar sobre un tema relacionado con los agentes infecciosos y su empleo militar, sin caer en la tentación de exponer la situación en un tono especialmente alarmista. Me tranquilizó pensar que independientemente de cómo fuera el abordaje que realizara de este desasosegante tema, esa frágil memoria colectiva también se encargaría de templar, en los posibles lectores, la inquietante sensación que les produjera su lectura. El artículo tiene una estructura clásica que comienza con la definición de armas biológicas, seguido de un recorrido histórico sobre su empleo, de cuáles son los principales agentes infecciosos utilizados y de las medidas de prevención.

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Sobre las armas biológicas: definición y clasificación

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(Figura propiedad de Elena González Miranda)

5 comentarios a Sobre las armas biológicas: palabras introductorias

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