Miércoles 08.09.10
EL DIARIO VASCO
Dicen algunos expertos que las condiciones climáticas pueden afectar el equilibrio intelectual, la capacidad de análisis, la razón objetiva y, en definitiva, la elaboración de propuestas juiciosas, basadas en datos objetivos y en el conocimiento profundo de los problemas a resol- ver. También es cierto que la temporada estival que estamos finalizando ha sido especialmente calurosa. En este periodo veraniego y con las características que hemos señalado, poco adecuado para debatir problemas graves y más propios del descanso, han surgido opiniones sobre la Salud Infantil, que como pediatras no podemos pasar por alto, debido a su gravedad. Éste es el motivo de las siguientes re- flexiones.
La primera hace referencia a un breve recuerdo histórico. Nos remontamos al siglo pasado, décadas de los 60 y 70. La necesidad de realizar una adecuada asistencia en la salud y en la enfermedad de los niños llevó al desarrollo del sistema MIR (médicos internos y residentes de las distintas especialidades), para que los médicos recién licenciados en las Facultades de Medicina obtuvieran los conocimientos y las habilidades propias, para desarrollar su labor asistencial, docente e investigadora, en línea con los modelos europeos, norteamericanos y canadienses.
Nadie ha cuestionado este modelo de aprendizaje, como es la Pediatría y sus subespecialidades, por los logros obtenidos en términos de salud y de enferme- dad en nuestros niños. Además, es un modelo dinámico de me- jora continua, adaptándose a las necesidades que la sociedad en su conjunto demanda. Expresión de este modelo es la mejora de la salud infantil en todos sus niveles, como son la Atención Primaria y la Atención Hospitalaria.
Además, desde los tiempos históricos en que los niños eran atendidos por los especialistas
en Pediatría hasta los 7 años de edad, se alcanzó otro gran logro social como fue el extender la edad asistencial de los niños hasta los 14 años, medida insuficiente ya que la Pediatría acaba al finalizar los procesos de crecimiento y de desarrollo. Desde hace años, como pediatras y responsables ante la sociedad, reclamamos la ampliación de esta edad, como se ha llevado a cabo en otros países de nuestro entorno europeo. Valga el siguiente ejemplo: ¡qué difícil es entender la hospitalización de adolescentes en áreas de adultos!
En resumen, la formación de un especialista en Pediatría pasa por 6 años de estudio en la Facultad de Medicina y 4 años de especialidad pediátrica, realizados en hospitales docentes, bajo la supervisión de las comisiones y tutores oportunos.
La segunda reflexión se refiere a otras formas de asistir a los niños. Este verano, algunos médicos han afirmado su capacitación para atender niños entre 7 y 14 años, no siendo especialistas en Pediatría. ¿Se capacitan ellos a sí mismos? ¿Quién o quiénes desde las instituciones políticas autonómicas o centrales re- conocen esa capacitación? Sepa el lector que los médicos especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria saben de Pediatría lo que aprendieron como estudiantes y los conocimientos adquiridos durante dos meses en
Pediatría, rotando a las mañanas por Atención Primaria y por los Servicios de Pediatría, junto con las guardias que realizan en este corto periodo de tiempo (máximo 8 guardias). Por tanto, una formación pediátrica muy parcial, muy limitada, a todas luces insuficientes.
A quien afirme su capacitación va dirigido el título de este artículo. Nos preocupa su ignorancia. Nos preocupa, porque como pediatras somos defensores a ultranza de la salud infantil y de los derechos de los niños, y éstos pueden verse gravemente limitados. Y este último punto es una llamada a la reflexión de las autoridades sanitarias. No empeoren el sistema sanitario. Hay numerosos aspectos a mejorar. Lo sabemos. Tienen toda nuestra colaboración, siempre y cuando la Salud Infantil no se ponga en entredicho. Nuestra sociedad lo de- manda y nosotros lo exigimos.
Cualquier cambio del modelo sanitario debe dirigirse a la mejora del mismo. Pero atención: las políticas de ahorro por parte de unos y la frivolidad por parte de otros pueden llevar a cometer errores muy graves en el sector de la medicina pública infantil. Demos una oportunidad, una vez más, al descenso de la canícula. Que este otoño ayude a las reflexiones políticas y científicas prudentes y sosegadas. Lo contrario no sería correcto.
EDUARDO GLEZ. PEREZ-YARZA Sailkatugabeak Pediatría y troncalidad
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