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Prometedora terapia para la diabetes tipo 1

La insulina es una hormona polipeptídica producida por un tipo concreto de células del páncreas, denominadas células beta de los Islotes de Langerhans. Su función fundamental es aumentar la permeabilidad de la membrana celular para permitir la entrada de glucosa, fosfato, aminoácidos y nucleósidos en las células. Algunos órganos, como el músculo, el tejido adiposo y el corazón, son muy sensibles a la actuación de esta hormona.

La insulina permite disponer a las células de glucosa, la cual, mediante glucólisis y respiración celular, permitirá a la célula obtener la energía necesaria, en forma de ATP. La función de esta hormona es favorecer en las células la incorporación de la glucosa desde la sangre; por ello, actúa cuando el nivel de glucosa en sangre es alto.

La diabetes tipo 1, también conocida como diabetes juvenil o diabetes mellitus insulino dependiente puede ocurrir a cualquier edad, pero se diagnostica con mayor frecuencia en niños, adolescentes o adultos jóvenes. En la diabetes tipo 1, las células beta producen poca o ninguna insulina. Sin la insulina suficiente, la glucosa se acumula en el torrente sanguíneo, no entra en las células y, por tanto, éstas no consiguen obtener energía a partir de la glucosa, lo cual deriva en un conjunto de síntomas característicos de la diabetes tipo 1.

La causa de la diabetes 1 es de tipo autoinmunitario: a partir de algún desencadenante, por error, el sistema inmune ataca las células productoras de insulina del páncreas. La susceptibilidad a contraer diabetes mellitus tipo 1 parece estar asociada a factores genéticos múltiples, aunque solo el 15-20% de los pacientes tienen una historia familiar positiva. La administración de insulina en estos pacientes es esencial y con ella consiguen evitar los efectos más drásticos de la enfermedad. El uso de inyecciones de insulina, sin embargo, no consigue evitar la disfunción autoinmune.

En los últimos 25 años se han realizado numerosos intentos para atacar esta autoinmunidad, pero hasta ahora ninguno de ellos había tenido éxito. Esta semana hemos sabido de un trabajo realizado por el grupo de Theodore Mazzone, de la Universidad de Illinois (Chicago), que ha sido publicado en la revista BMC Medicine, en el que se utilizan células madre multipotenciales procedentes de células de la sangre del cordón umbilical  (CB-CS) para controlar la respuesta autoinmune, alterando la regulación de las células T específicas de las isletas beta humanas.

En el trabajo, se extraen linfocitos a partir de la sangre de 15 pacientes, se cultivan brevemente con las células CB-CS y luego se devuelven a la circulación sanguínea del paciente. En el estudio, del tipo fase 1/fase 2, se analiza la tolerancia y la eficacia del tratamiento. Los resultados indican que el tratamiento es bien tolerado y permite disminuir la dosis media diaria de insulina en los pacientes. Se observa, además, que esta terapia “educadora” del sistema inmune revierte la autoinmunidad y promueve la regeneración de las células beta. Los autores destacan la utilidad de este tipo de terapia para el control y terapia de la diabetes 1 y, quizás, para otras patologías cuya causa tenga que ver con la autoinmunidad.

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