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La multicelularidad ha sido una de las innovaciones más importantes en la evolución de los organismos vivos. Sin embargo, poco o nada se sabe de cómo ocurrió este trascendental paso de organismos unicelulares, inicialmente de tipo bacteriano (procariotas) y más tarde de tipo eucariota, a organismos con más de una célula. El asunto no es baladí. No se trata sólo de que haya más células, sino de que trabajen de forma cooperativa e integrada, cosa que, aparentemente, no resulta sencilla en términos biológicos.

De manera intuitiva, la mayor parte de los biólogos/as entendemos que el paso a la multicelularidad requiere de funciones de coordinación entre células distintas, que en términos celulares implicaría la aparición de estructuras celulares y moleculares adicionales a la unicelularidad. Por eso tenemos tendencia a pensar que conseguir la multicelularidad debió de requerir mucho tiempo, en términos evolutivos.

Ahora, un artículo publicado en la revista PNAS , realizado por el equipo de Michael Travisano, de la Universidad de Minnesota, ha recreado experimentalmente el paso a la multicelularidad y han conseguido que suceda de forma extremadamente rápida.

Los investigadores han sometido un cultivo del eucariota Saccharomyces cerevisiae (una levadura unicelular) a unas condiciones experimentales que pretenden favorecer la multicelularidad: cultivos de S. cerevisiae, inicialmente unicelulares e isogénicos (con la misma información genética), se han dejado crecer en un cultivo líquido (en tubos de 10 ml). En teoría, las formas celulares más grandes tenderán a “caer” al fondo del tubo, simplemente por gravedad, así que en el experimento, tras una etapa de crecimiento activo con agitación, los cultivos se dejan reposar durante unos 45 min para luego seleccionar las agrupaciones tomando las poblaciones de mayor tamaño (las del fondo del tubo). Estas se transfirieren a nuevos tubos con medio de cultivo fresco y tras un día de crecimiento activo se repite el proceso. Tras 60 transferencias similares, en las que en varias de ellas el proceso de separación era “ayudado” mediante suaves centrifugaciones, se obtuvieron acumulaciones progresivas de células que adoptaban una forma muy parecida a los copos de nieve.

En el transcurso del experimento, los grupos de células (esos copos de nieve) se iban haciendo cada vez más grandes; incluso las células de dentro de la agrupación, mostraron cierta diferenciación. Los autores han comprobado que las células que forman parte de esas agrupaciones comparten el mismo tipo de información genética, lo cual reduce al mínimo los conflictos genéticos dentro de la agrupación.

A la vista de estos resultados, los autores del trabajo proponen que los primeros organismos multicelulares probablemente se componían de células fisiológicamente similares y que en esas condiciones la multicelularidad pudo suceder de una manera bastante rápida.

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