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Cine y Medio Ambiente. 7.- Historia de dos orillas

Documental, 2006, 83 minutos, Masato Producciones y TEA Imagen. Idea y Producción: Emilio Cartoy Díaz. Guión y Dirección: Cristian Jure. Montaje: Jerónimo Carranza y Klaus Borges. Música: Jorge Fandermole y Iván Taravelli. Premio “A la sensibilización y educación” del Festival Internacional de Cine de Medio Ambiente de la Generalitat de Catalunya.

En 2002, las empresas productoras de pasta de papel Botnia, con sede en Finlandia, y ENCE, de España, negociaron con el gobierno de Uruguay la instalación de dos plantas productoras de pasta de papel en Fray Bentos, Uruguay, junto al río del mismo nombre, y frente a la ciudad de Gualeguaychú, situada en la orilla argentina. Ambas empresas ya poseían en Uruguay miles de hectáreas sembradas con eucaliptos, aserraderos y terminales de carga de madera; sólo faltaban las plantas productoras de pasta de celulosa.
Las poblaciones implicadas, Fray Bentos en Uruguay y Gualeguaychú en Argentina, fueron sometidas a una intensa campaña de publicidad que incluía, entre otras acciones puntuales, la financiación de los equipos de fútbol de las escuelas. Esta campaña tenía dos objetivos principales: en primer lugar, difundir que las plantas no contaminaban y cumplían todas las normas legales en una región cuyos mayores ingresos provienen del turismo y, en segundo lugar, prometer que iban a crear puestos de trabajo directos e indirectos en una zona con un índice de paro muy alto. Tanto es así que alguno de los parados de Fray Bentos declaró que prefería morir de cáncer a hacerlo de hambre. La opinión pública apoyó mayoritariamente la instalación de las papeleras, excepto un grupo muy activo que, por medio de información y movilizaciones, consiguió una cada vez mayor oposición social y política en contra de las multinacionales.
Emilio Cartoy Díaz, de TEA Imagen, visitó la zona y decidió filmar un documental que, como él mismo declaró, no es imparcial y busca incitar al debate público sobre el estilo de vida que desean los habitantes de la región. Los objetivos son difundir el problema y educar en el debate medioambiental a quien visione el documental.
La película tiene un montaje sincopado, ágil, con rapidez para plantear y explicar el problema de las papeleras y con suavidad cuando vemos el río en su estado natural. Múltiples imágenes, personas, declaraciones, datos y opiniones aparecen en la pantalla, a menudo simulando una proyección de diapositivas. Un buen trabajo de dirección y montaje va orientando el documental hacia la información de los hechos, el debate ciudadano, la toma de posturas, las decisiones de los políticos y, en último término, la educación ambiental de los espectadores.
No hay texto propio en el guión, el propio orden de imágenes y declaraciones es el texto de los autores del documental. Sólo tenemos declaraciones y música con letra sobre el propio río. Nos ofrecen sus datos y sus opiniones desde abogados, biólogos, veterinarios, ingenieros químicos, forestales y agrónomos hasta políticos, líderes de las comunidades, representantes de los vecinos, profesores o sindicalistas. Entre todos tejen un mosaico de opiniones que, además de lo evidente sobre el asunto de las papeleras, demuestran la fuerza de los movimientos sociales en Latinoamérica.
Sin embargo, el documental se acerca al panfleto cuando no da voz a las papeleras ni a los políticos y ciudadanos que están a favor de su instalación. Y queda claro que las factorías de Argentina, Chile o España cumplen las normas legales. Son, por tanto, estas normas el verdadero problema; es en la política donde hay que buscar la solución no a un problema puntual, aunque evidentemente grave, sino a todos los que puedan aparecer en el futuro. También es cierto que desde la normativa legal y el lenguaje científico es difícil llegar a la ciudadanía y, para conseguirlo, los autores del documental recurren al catastrofismo tan habitual en los movimientos ecologistas y que, en último término, tan a menudo los desprestigia: aparece la niña que llora, el mal olor, la desaparición del turismo,…
Se habla de globalización, pues las tecnologías contaminantes salen de Europa (España, Finlandia) hacia Sudamérica y otros lugares del mundo. Se habla de política, pues las empresas se instalan en Uruguay por acuerdos entre estados, sin consultar a los ciudadanos. Se habla de pocos beneficios para el país, puesto que las empresas se instalan en zona franca y están exentas de pagar impuestos. En fin, como es un asunto complejo se debe tratar desde múltiples perspectivas y esto es lo que nos acerca este interesante documental.
Y, para terminar, ENCE renunció a su proyecto de instalar la papelera mientras que la pertenciente a la empresa finlandesa Botnia ya está en funcionamiento.

*Grupo Guayubira. 2005. Los supuestos beneficios de las plantas de celulosa en Uruguay. Ecología Política 29: 45-52.
*Núñez, R. 2006. Uruguay, forestación y fábricas de celulosa. Ecología Política 31: 113-115.
http://www.noalapapelera.com.ar/
http://www.clarin.com/diario/2006/06/29/conexiones/t-01224681.htm

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