Los bebés tienen una estufita interna. Disponen de un sistema que les proporciona calor. No es una estufa muy potente, pero en su modestia, cumple una función de enorme importancia. Gracias a ella comepensan en parte la dificultad que tienen para calentarse como lo hacemos los adultos y la gran propensión a perder calor por ser tan pequeños. Ese sistema es la “grasa parda”.
La razón por la que los animales homeotermos somos capaces de mantener constante nuestra temperatura corporal es que nuestro metabolismo produce una gran cantidad de calor. Haciendo variar esa producción de calor y, en la medida de lo posible, controlando y modulando la cantidad de calor que perdemos, ajustamos las ganancias y las pérdidas de manera que la temperatura no experimente variaciones. Lo que es imprescindible es que exista una fuente de calor interna; sin ella la regulación térmica no sería posible. Normalmente, es el conjunto de la actividad metabólica la responsable de esa producción de calor, pero algunos homeotermos disponen de un tejido especial cuyo cometido específico consiste, precisamente, en producir calor. Ese tejido es la denominada “grasa parda”.
La grasa parda y la grasa blanca son los dos tipos de tejido graso con que cuentan los mamíferos; son muy diferentes. La grasa blanca puede desempeñar diferentes funciones, dependiendo de su composición y su localización, pero tratándose de un compuesto con un alto contenido energético, su cometido principal es el de actuar como principal reserva energética.
La grasa parda, por el contrario, tiene una única función, la de producir calor. En las células que forman el tejido de la grasa parda hay lípidos, por supuesto, pero junto a los lípidos hay mitocondrias, muchas mitocondrias, y hay además una alta densidad de capilares sanguíneos. Que en los adipocitos (células llenas de lípidos) que conforman la grasa parda haya muchas mitocondrias y que en el tejido haya abundantes vasos sanguíneos quiere decir que se trata de un tejido metabólicamente muy activo. Lo curioso es que esa alta actividad metabólica no se traduce en la realización de ningún trabajo, ni biológico ni físico. Desde ese punto de vista, se trata de un tejido “inútil”. Pero produce calor; es esa su única función.
Como es bien sabido, el objeto y la consecuencia principal del catabolismo de sustratos energéticos es producir adenosina trifosfato (ATP). Como sus enlaces fosfato contienen mucha energía química, pueden desempeñarse un buen número de actividades (contracción del músculo, transporte de sales, síntesis de proteínas, absorción de nutrientes y otras) haciendo uso de dicha energía. Sin embargo, en la grasa parda no se produce ATP como consecuencia del catabolismo de los lípidos que contiene; en las células de este tejido el catabolismo de los sustratos y la vía de producción de ATP se hallan desacopladas. Eso ocurre debido a la acción de una proteína desacopladora (UCP), también denominada termogenina.
La grasa parda cumple una función esencial en los mamíferos que hibernan. Y en los mamíferos recién nacidos también cumple un papel de gran importancia. De hecho, el calor producido por el catabolismo lipídico es imprescindible para compensar las pérdidas de calor que sufren y mantener así el balance térmico estable.
En los bebés recién nacidos la grasa parda puede representar un 5% de la masa corporal. Al ser de tamaño tan pequeño tienen una superficie corporal muy grande con relación a su volumen (o masa), por lo que, comparativamente, pierden mucho más calor que los individuos grandes; además, tienen una cabeza de gran tamaño (también en relación con su masa) y como es sabido, la cabeza es la parte del cuerpo por donde más calor se pierde. Por si todo esto no fuera suficiente, debido al insuficiente desarrollo del tejido muscular, no son capaces de tiritar ni de realizar ningún otro tipo de contracción muscular efectiva. Así pues, los bebes tienen muy buenas razones para disponer de un tejido específico para producir calor.
Luego, al crecer, adquieren la capacidad de tiritar y de contraer la musculatura general con eficiencia, y junto con eso, van perdiendo la grasa parda. O al menos, eso es lo que pensábamos antes. Porque resulta que hace poco se ha descubierto que algunas personas adultas no han perdido toda su grasa parda. Se desconoce la razón por la que unos la han perdido y otros no, pero los investigadores que se han ocupado de esta cuestión han hecho una interesante observación: quienes no han perdido la grasa parda están más delgados que los demás. Lo más probable es que gracias al metabolismo que desarrolla esa grasa, una parte de la energía absorbida se disipe en forma de calor, razón por la que no se deposita en los tejidos.
Cabe decir a este respecto que ya se han empezado a valorar las posibilidades del uso de la grasa parda como método de adelgazamiento. Para ello, se requiere analizar la viabilidad y consecuencia de la eventual implantación de grasa parda a las personas que carecen de este peculiar tejido termogénico.




[...] Si quieres saber más sobre la grasa parda, te recomiendo que leas esta entrada del excelente blog animalia del amazing Juan Ignacio Pérez, o esta entrada de mi propio blog Fuente de la Eterna [...]
[...] Si quieres saber más sobre la grasa parda, te recomiendo que leas esta entrada del excelente blog animalia del amazing Juan Ignacio Pérez, o esta entrada previa en este mismo [...]
[...] quieres saber más sobre la grasa parda, te recomiendo que leas esta entrada del excelente blog animalia del amazing Juan Ignacio Pérez, o esta entrada de mi propio blog Fuente de la Eterna [...]