Los radiadores anatómicos

Elefante de sabana (Loxodonta africana)

Los elefantes disipan mucho calor a través de sus orejas. Cumplen, por ello, un papel muy relevante en la regulación de su temperatura corporal. La sangre que procede del interior del organismo llega a las orejas y se distribuye a través de la densa red de vasos y capilares sanguíneos que las atraviesan. Ese calor se transfiere, por radiación o convección, al exterior, y en ocasiones, si la superficie de las orejas está mojada, también por evaporación.

No todos los elefantes son iguales; las orejas de algunos no son tan grandes como las de otros. Loxodonta africana las tiene realmente grandes: sus orejas tienen 183 cm de longitud y 114 cm de anchura. Aunque carezco de datos precisos, es sabido que Loxodonta cyclotis tiene las orejas algo más pequeñas.  El primero, L. africana, es el elefante de sabana, el que vive en el este de África, mientras que el segundo, L. cyclotis, es el elefante de la selva. Si bien es cierto que el elefante de la selva es algo más pequeño, sus orejas son más pequeñas que lo que lo hubieran sido de haberse mantenido la proporción con el tamaño corporal. Las temperaturas de las zonas donde habita el elefante de sabana son, en general, más elevadas que las de las selvas donde vive L. cyclotis.

Elefante de la selva (Loxodonta cyclotis)

La misma lógica nos permite comprender por qué son también más pequeñas las orejas del elefante asiático, Elephas maximus, con sus 60 cm de longitud y 30 cm de anchura. Parece ser que las zonas en que habita el elefante asiático son algo más frescas que las africanas donde viven los anteriores. Y si llevamos esta lógica hasta su extremo, fácilmente entenderemos por qué eran tan pequeñas las orejas de los mamuts. La longitud de las orejas del mamut lanudo Mammuthus primigenius era de 30 cm.

La conclusión que se extrae de este conjunto de observaciones es clara: hay una relación directa entre el tamaño de las orejas de elefantes y similares y la temperatura de la zona en la que habitan. Así pues, en este grupo de mamíferos, la variabilidad en el tamaño de las orejas está al servicio de la regulación térmica.

Elefante indio (Elephas maximus)

Sin embargo, en todo este asunto surge, al menos, una incógnita: ¿Por qué ocurre esto en los elefantes? ¿Por qué no ocurre esto, por ejemplo, en los seres humanos? Para responder a esta pregunta hay un problema, y es que al ser los elefantes los mamíferos más grandes que habitan sobre la superficie de la Tierra, no es posible realizar comparaciones rigurosas con otras especies. Habrá, por tanto, que prescindir del rigor absoluto y, adentrándonos por el camino de la comparación, tratar de arrojar algo de luz sobre la cuestión.

Aunque su masa no llegue a superar la mitad de la masa del elefante de sabana,  el rinoceronte blanco, Ceratotherium simum, no es un mamífero pequeño precisamente. Ambos, elefante y rinoceronte, son animales desnudos, sin pelaje, algo muy poco habitual entre los mamíferos. En cuanto a la forma del cuerpo, tampoco hay grandes diferencias entre ellos. El rinoceronte carece de trompa; no la necesita, ya que alcanza el suelo con la cabeza sin dificultad. Si prescindimos de la trompa, las orejas son lo único que realmente diferencia a los dos mamíferos africanos más grandes, puesto que las del rinoceronte son ciertamente pequeñas. Y sin embargo, el régimen térmico al que se encuentran sometidas ambas especies es muy similar. Así pues, ¿cuál puede ser la razón para que una de las dos especies necesite algo que la otra no precisa? ¿por qué no son grandes las orejas del rinoceronte blanco?

La respuesta tiene que ver con el tamaño, puesto que la diferencia de tamaño entre ambos es suficiente para que uno requiera un dispositivo especial para disipar calor y no el otro. Examinemos este asunto con cierto detalle.

Mamut lanudo (Mammuthus primigenius)

La tasa metabólica (por unidad de masa, por supuesto) de los elefantes es muy baja, puesto que los animales grandes tienen una tasa metabólica más baja que los pequeños. Dado que como consecuencia de la actividad metabólica se genera calor, los animales grandes generan menos calor que los pequeños, siempre por unidad de masa. Y sin embargo, a pesar de generar menos calor los grandes, el que generan es excesivo o, dicho de otro modo, excede a lo que cabría esperar a partir de una lógica puramente física. Las razones de ese exceso no están claras y no las vamos a discutir aquí por ahora, pero la consecuencia de ello es clara: los animales grandes pueden llegar a tener dificultades para disipar todo el calor que generan, máxime en zonas muy cálidas, porque su superficie corporal es insuficiente para ello. El rinoceronte blanco no es lo suficientemente grande como para que ello represente un problema. Pero lo representa para el elefante. Esa es la razón por la que necesita dispositivos especiales para disipar calor, unos radiadores térmicos en toda regla. Y esos radiadores son sus grandes orejas.

1 comentario a Los radiadores anatómicos

  • Un cuerpo cualquiera, mientras su superficie de irradiación crece con el cuadrado de sus dimensiones, su volumen crece mucho más rápido, ya que lo hace al cubo de sus dimensiones lineales.
    Es interesante esto, porque los animales de sangre caliente son muy eficientes precisamente en esto de ocupar el 80% de la energía que consumen, en calentar su sangre…y deben luego desarrollar diferentes estrategias para liberar ese calor y no recocerse…Por eso algunos animales tienen pliegues, otros plumas, orejas grandes, etc.
    Interesante tu blog.

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