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La polución marina

 

Son numerosas las vías por las que llegan al mar los productos contaminantes: la lluvia (uno de los principales agentes de dispersión), la limpieza de los tanques en alta mar, las descargas involuntarias de hidrocarburos, los accidentes (naufragios de petroleros), las operaciones de carga y descarga en puertos marítimos, e incluso, los fenómenos naturales como movimientos sísmicos o afloramientos geológicos también liberan sustancias tóxicas al mar.

   
 

El efecto de la acumulación de sustancias tóxicas en el agua marina se detecta por la presencia de éstas en la carne de los peces.

La eutrofización o aumento de la concentración de materia orgánica disuelta aportada por las aguas residuales urbanas, es otro indicador de la contaminación marina litoral.

Por ejemplo, en verano, el litoral español con 1,200 km. de costa concentra 35 millones de turistas. En condiciones tales como quietud de las aguas y temperaturas elevadas, la abundancia de nutrientes pueden generar casos graves de polución orgánica, que se manifiesta con explosiones de algas marinas que pueden alterar la calidad de las aguas litorales. Este sería el caso de las famosas mareas rojas de algas tóxicas que afectan periódicamente algunas zonas costeras. Las áreas de producción mejillonera pueden padecer verdaderas catástrofes económicas frente a esta forma de contaminación biológica.

La polución orgánica en las áreas litorales también afecta a la calidad sanitaria para el baño debido a la gran concentración de bacterias colifecales que pueden ser perjudiciales para la salud humana. Finalmente, el mar también se ha convertido en diluyente de elementos radioactivos procedentes de las fugas en centrales nucleares, de los ensayos con bombas atómicas o de la lluvia radioactiva. Aunque la mayor parte de la radioactividad es debida a causas naturales, al menos un 1% deriva de la acción humana.

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