Se detectaron cinco fases constructivas, de las cuales describiremos las tres principales.
Fase 1. Prerrománico. A través de los escasos restos conservados in situ de esta etapa inicial cabe deducir que se trataba de una pequeña edificación con nave de planta rectangular, inferior en anchura a la actual, y provista de un ábside curvo más estrecho.
Sin ninguna duda, el rasgo que define la obra de esta primera etapa (prerrománica o protorrománica) es la calidad y la regularidad en la ejecución y asiento de las diferentes piezas que la componían, calidad que se aprecia desde la propia banqueta fundacional confeccionada a base de grandes sillares rectangulares de escasa altura. Sobre esta banqueta fundacional se colocó directamente a hueso la primera hilada de los muros, unión que por su calidad técnica, ausente en momentos constructivos posteriores, permite reconocer sin dificultad los escasos tramos de muro pertenecientes a esta fase. Estos últimos se concentran, igualmente, en el ángulo Suroeste de la ermita actual donde es posible reconocer un buen número de hiladas tanto en la cara Sur como en la occidental. Las piezas que componen estos paramentos protorrománicos se caracterizan por presentar un módulo relativamente elevado con un buen número de sillares cuyas aristas pierden la verticalidad adquiriendo morfología trapezoidal. La colocación de los bloques es fundamentalmente a soga, si bien es posible reconocer algunos tizones esporádicos, y su acabado externo se realizó con punta gruesa cuya intensidad de golpe y dirección resultan muy variables dentro de un mismo bloque.
Fase 2. Románico. En esta segunda etapa (ya plenamente románica) la ermita alcanza su configuración actual en planta. La medida más importante consistió en la ampliación de la nave aprovechando parcialmente la banqueta fundacional perteneciente al período anterior en su ángulo Noroeste. Dicha ampliación se limitó a aprovechar los aproximadamente 30 cm. de zapata que la cimentación presentaba con respecto a la alineación de los muros primitivos, pero supuso, en definitiva, la variación del eje de simetría de la ermita y consiguientemente la necesidad de variar por completo la posición del ábside, que fue reconstruido desde sus cimientos. Esta obra aprovecha el material de la obra anterior pero lógicamente, con una menor calidad de asiento y unión entre las diferente piezas. Sólo las piezas correspondientes a la portada románica fueron talladas ex novo y presentan la característica talla románica de nuestro entorno geográfico a base de golpes de cincel o punta suave con inclinación constante de 45 grados.
Fase 3. Siglos XVI-XVII. La pequeña ermita románica parece arruinarse en un momento indeterminado, ruina que afecta profundamente a los paños Norte y Oeste. Su reparación no modificará sustancialmente la disposición del edificio pero sí añade elementos nuevos a su alzado como son las ventanas meridionales del ábside y de la nave, la ventana de iluminación del coro y, sobre todo, la puerta del cierre occidental rematada por un arco de medio punto de grandes dovelas. A nivel de ejecución técnica los paramentos correspondientes a este nuevo remonte de la ermita se caracterizan por utilizar piezas completamente nuevas, de aristas perfectamente perpendiculares y módulo sensiblemente inferior al de las etapas anteriores. La talla es también diferente, presentando un acabado a punta gruesa que pese a ser oblicuo no muestra la regularidad de las piezas de la portada románica.
Con posterioridad a estas fases se remonta casi por completo la portada, obra realizada de manera bastante deficiente, modificando sustancialmente el radio y la disposición de la arcada original, lo que llevó a algunos autores a proponer un supuesto trazado en herradura, siendo sin lugar a dudas fruto de la deficiencia de la obra efectuada. En este momento se colocan las benditeras de los lados de la portada, apoyadas en piezas prerrománicas reaprovechadas, y se ciega la puerta del paño occidental.
Año de la intervención: 1997
Dirección:
Agustín Azkarate